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✦Psicólogos Gandía✦

Miedos infantiles

Miedos infantiles

Miedos infantiles

Tener miedo es muy común en la infancia. Los miedos infantiles son evolutivos y crecen con los niños. Existen miedos comunes en la mayoría de los niños, pero no tienen la menor importancia, ya que  se superan de forma espontánea o con un poco de ayuda psicológica.

Sin embargo, es muy importante que esos miedos no sean infundados dentro del núcleo familiar, por lo que nunca debemos reforzar esos miedos, más bien debemos generar confianza y evitar que el miedo lo invada.

A modo de ejemplo, es que  si el niño tiene miedo a un insecto, intenta transmitirle seguridad, pues por lo general el niño que presenta este tipo de miedo, es porque lo ha observado en un adulto.

A menudo, los padres infundamos miedo a nuestros hijos,  nos valemos del miedo para evitar situaciones de riesgos para el niño (caídas de altura, tráfico de vehículos, personas desconocidas, animales…).

Esta forma de educar consigue que el niño ceda en su conducta en ese momento, pero también puede ocasionar efectos contraproducentes y  causar serios problemas a largo plazo.

Reacciones ante el miedo

Como cualquier emoción, el miedo provoca una reacción, en este caso se manifiesta a través de la ansiedad, que podemos estructurarla en tres niveles.

  • A nivel cognitivo: Debe haber una idea o pensamiento que genere el miedo.
    • Ejemplo: Si el niño al ver un gato, piensa que es peligroso y le puede arañar, es normal que padezca miedo. Por el contrario si el niño piensa que el gato no es peligroso y no le puede hacer nada, seguramente su reacción sea totalmente distinta.
    • En conclusión,  las experiencias que tenemos con nuestro entorno, son causantes de nuestros pensamientos hacia las diferentes situaciones.
  • A nivel fisiológico: A nivel físico, el miedo puede exteriorizarse de diferentes formas:
    • Llanto.
    • Temblores.
    • Taquicardias.
    • Tensión muscular.
    • Sequedad bucal.
    • Sudoración.
    • Etc…
  •  A nivel motor: El niño puede mostrarse asustado, salir corriendo, buscar defensa de los padres, gritar…

Por lo general, los miedos infantiles suelen superarse de forma espontánea, no siendo una  razón para que estemos intranquilos, pero si son muy agudos y constantes puede llegar afectar de forma muy negativa al desarrollo evolutivo del niño, por lo que sería conveniente visitar a un psicólogo infantil.

¿Cómo ayudar a mi hijo a superar el miedo?

Por supuesto que un buen psicólogo ayudara a tu hijo a superar los miedos, sin embargo no hay nadie que tenga más responsabilidad y más poder para ayudar al niño que sus  propios padres.

Además siempre es mejor buscar a alguien que nos enseñe hacer bien nuestra tarea, que buscar a alguien que haga la tarea por nosotros.

Hay que saber que lo esencial para solucionar un problema, no es saber qué lo causó, sino qué es lo que lo mantiene. Tal vez te preguntes;

¿Entonces cómo puedo ayudar a mi hijo para que domine sus miedos?

Siempre que nosotros permitimos que el niño se deje vencer por el miedo, este se alimenta y lo más probable es que cada vez se haga más y más fuerte, hasta el punto de que parece imposible vencerlo.

La solución para los miedos infantiles, es hacer que los afronten. Es fácil de decir, pero difícil de hacer, y esto tiene que ver con la parte más difícil de ser padres.

No es un trabajo costoso, ni que requiere mucho tiempo, es algo mucho más difícil, pero igual de necesario, y es; SOPORTAR VERLOS SUFRIR.

Pues cuando vemos que nuestros hijos están pasando un mal rato, nos aborda una necesidad urgente de ayudarlos, lo cual es bueno. Pero cuando los niños sufren por cosas que deben afrontar ello solos, lo que provocamos cuando les quitamos esa dificultad, es evitar que ellos maduren.

En otras palabras los estamos incapacitando, si queremos enseñar a nuestros hijos a dominar los miedos infantiles, debemos hacerlo con el ejemplo, venciendo primero nuestros propios miedos como padres a verlos sufrir y pasando dificultades.

Técnicas para afrontar los miedos infantiles

No hay que olvidar que los cambios en el crecimiento se logran principalmente actuando. Hay tres cosas prácticas que podemos hacer para acompañar a nuestros hijos en este camino de crecimiento y aprendizaje, las cuales te das detallará a continuación:

  • Segmentar el camino

Es una forma de alcanzar metas fáciles. Muchas veces el vencer el miedo es una tarea muy difícil de lograr de un solo intento y a veces si queremos hacerlo de una sola vez podemos fracasar, lo cual frustrara al niño y aumentará el problema. Por lo tanto lo  que podemos hacer es que el niño vaya logrando metas más fáciles, que lo vayan acercando al objetivo final poco a poco.

Ejemplo: Si tiene miedo de dormir con la luz apagada, podemos dividirlo de la siguiente forma.

  • 1º Dormir con una pequeña luz toda la noche.
  • 2º Tener la luz hasta que se duerma.
  • 3º Tener la luz, pero apagarla antes de dormir.
  • 4º Por último, dormir con total oscuridad.
  • Hablar y conversar

Es conveniente hablar y conversar con el niño, sobre lo que piensa y siente con respecto a lo que le produce miedo. Podemos hacerlo antes de que se enfrente a su miedo, aunque deberíamos hacerlo después de cada vez que se enfrente a ese miedo.

El miedo se resuelve con experiencias, casi nunca con palabras, pero hablar de la experiencia después de tenerla, nos ayuda a acomodarla y a propiciar una mejor comprensión de ella.

No caigas en el error de decirle al niño de que no tenga miedo, o lo que dice no tiene sentido, que no es real, porque para un niño, si lo es. Por eso, a la hora de hablar con él, procura hacerle preguntas, como por ejemplo:

  • ¿Qué le da miedo?
  • ¿Desde cuándo tiene miedo?
  • ¿Dónde aprendió que las cosas funcionan así?
  • Etc…

Pues esto no sólo le hará sentirse escuchado por sus papás, sino que al tener que reflexionar para responder a tus preguntas, es muy probable que él sólo se dé cuenta de que su miedo es ilógico.

  • Fomentar su autoestima.

Los padres son esenciales en el proceso que atraviesa el niño para construir su identidad, y de una forma muy fácil podemos hacer que nuestros hijos se sientan fuertes y valientes. Hay que decirles una y otra vez que son valientes, ¡ojo!, no hay que decirles que deben ser valientes, si no afirmarles que ya lo son. A la larga terminaran creyendo lo que les dicen los papás.

También debemos aclarar que ser valiente no significa no tener miedo, ya que el miedo es parte importante del ser humano, ya que nos protege de cosas que nos pueden dañar.

Por lo tanto ser valiente significa enfrentarse al miedo, por lo que podríamos decir que para ser realmente valiente, tener miedo es un requisito básico.

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